domingo, 2 de septiembre de 2018

Evangelion y la filosofía


El anime "Evangelion" se basa en una novela de Arthur C. Clarke, "El fin de la infancia", que narra la llegada a la Tierra de seres alienígenas con forma de demonios.
Después de inútiles esfuerzos de resistencia, la humanidad se somete a los ocupantes, que no son destructivos, pero sí imponen una política genética, reproductiva y educativa que produce un nuevo tipo de seres humanos.
Los alienígenas son sólo ingenieros al servicio de una entidad todopoderosa y lejana, una especie de planeta con vida e inteligencia superior. El gran proyecto es diluir la individualidad en una unidad cósmica. La humanidad, compuesta por millones de individuos, es convertida poco a poco en un solo ser que se uniría a aquella entidad supraindividual. Es lo que se produciría en Evangelion cuando alguno de los "ángeles" lograra llegar con "Lilith", oculta y resguardada bajo tierra.
A esa disolución de todos los individuos humanos en una unidad superior se le conoce en el manga y en el anime como "Proyecto de Complementación Humana".
Las raíces de la trama están en la mística, esa tradición que se puede reconocer en varias religiones y cuyo fondo es, precisamente, la idea de que el objetivo del ser humano es reunirse con la divinidad, reintegrarse con Dios, superar la cárcel del cuerpo para que el alma individual se una con algo superior, en un encuentro anhelado, con alto contenido erótico. Se puede rastrear esta idea, por ejemplo, en los neoplatónicos antiguos y en los florentinos.
La religión hindú tiene esa base, pues por debajo de esa enorme pluralidad de dioses está el Brahmán, que es el todo detrás de la apariencia de los individuos. El velo de Maia es esa apariencia, que puede y debe descorrerse para intuir la unidad primordial.
Más próximo en el tiempo está Schopenhauer, cuya idea de una "voluntad" detrás del mundo de la representación, recupera la tradición hindú y la convierte en sistema filosófico. La vida sólo sería un sueño sometido al principio de individuación, que se terminaría con la muerte, el regreso a la unidad.
De esto hay ecos en Freud que con la dupla del eros y el tánatos sugiere que, más allá del individuo está el deseo de unirse con otro ser, el amor, o el deseo de regresar al estado de materia inerte, la muerte. Ambos tienden a superar los límites del individuo.
Hay un filósofo grato a Borges, Philipp Mainländer, quien desarrolló un pensamiento basado en que dios se habría destruido o fragmentado y que cada hombre y cada trozo de la realidad sería uno de los fragmentos, la historia sería el esfuerzo divino de reunificación. Mainländer, que promovió la virginidad, terminó suicidándose.
Sospechar que detrás de la apariencia múltiple esté la unidad es, como escribió Schopenhauer, el síntoma de que se tiene un alma filosófica. Es lo que justamente buscaron los primeros filósofos, el principio o arjé de todas las cosas, el uno que explicaría el todo plural.

domingo, 8 de julio de 2018

AMLO y el Estado Mayor Presidencial

En Roma existió, para protección de los políticos, un cuerpo especial militar, la guardia pretoriana. Estaba compuesta por soldados de élite, que recibían una mayor paga y beneficios. Sus miembros eran adinerados y poderosos.
La guardia pretoriana se convirtió en una fuerza corrupta, que, con dinero y promesas, era capaz incluso de asesinar al emperador. Cualquiera que deseara mantenerse en el poder tenía que asegurarse su favor. No se podía gobernar sin ella.
Calígula, por ejemplo, fue asesinado por la guardia, que así como depuso también impuso gobernantes. Los pretorianos cometían con frecuencia abusos de poder, matanzas, se enfrentaban con la gente, traicionaban, intrigaban, tenían sus propios intereses.
Cualquier déspota ha tenido siempre la necesidad de un cuerpo especial de protección, que lo proteja de la misma gente a la que gobierna y de sus enemigos políticos. Por eso los escoltas, cuerpos de élite, los "guaruras" han sido relacionados recurrentemente con los regímenes autoritarios. Y también con los cuartelazos, los golpes de Estado.
Eso quizá ronda en la mente de López Obrador. El Estado Mayor Presidencial no es más que una guardia pretoriana moderna, que tiene la función nominal de proteger la seguridad del presidente y su familia. Iturbide tuvo un cuerpo de seguridad especial, como lo tuvieron Santa Anna, Maximiliano, Porfirio Díaz.
En la historia de México hay gran cantidad de ejemplos de insurrección militar y asonadas de los que se supone deberían proteger al presidente.
Así, por ejemplo, aquí en Guadalajara Benito Juárez casi fue asesinado en el Palacio Municipal por un grupo de amotinados. Es famosa la actitud de Juárez, que mostró el pecho para recibir las balas, y también la de Guillermo Prieto, que pronunció su famosa frase "Los valientes no asesinan".
Otro personaje admirado por López Obrador es Francisco I. Madero. Estando en funciones como presidente después del derrocamiento de Díaz, el "apóstol de la Revolución" fue traicionado por Victoriano Huerta, el jefe de las fuerzas federales.
El general primero se deshizo de Gustavo Madero, quien ya lo había identificado como un traidor. Lo entregó a la soldadesca, que le sacó un ojo con bayonetas y lo torturó de manera espantosa.
Luego traicionó al presidente, con el apoyo de la embajada norteamericana, lo apresó y, en medio de engaños, lo mandó matar manera cobarde, junto con el vicepresidente José María Pino Suárez.
Si se quiere citar un ejemplo extranjero, tenemos el caso de Salvador Allende, el presidente de Chile que fue derrocado el 11 de septiembre de 1973 por Augusto Pinochet, el que, como comandante del ejército, debía protegerlo.
Pinochet, también con el apoyo de Estados Unidos, bombardeó el palacio de La Moneda, acorraló a Allende, que decidió terminar su vida. Así se inauguró un régimen dictatorial con rasgos fascistas y alineado con Washington. Eso pasó en varios países de América Latina.
Los militares, desde la época de la guardia pretoriana, siempre han jugado un doble papel, tienen las armas, la fuerza, y la pueden utilizar hacia uno u otro lado. Un presidente que deposite demasiado su poder en los militares podrá parecer muy protegido, pero también cuelga sobre él la espada de Damocles.
El Estado Mayor Presidencial podrá parecer, en un primer momento, un cuerpo para la seguridad presidencial. Lo es. Pero para un político con el bagaje histórico y la ideología de López Obrador, también es una presencia permanente de la milicia en el poder civil.
Por eso, quizá, el próximo presidente ha adelantado que no utilizará ese cuerpo militar. Lo que no significa que no vaya a tener protección de algún tipo. Optará por un apoyo civil, tal vez recupere lo de las "Gacelas", el grupo femenino y civil que se encargaba de resguardarlo cuando era jefe de gobierno del Distrito Federal.
Aunque parezca una cuestión de forma, un gesto, lo de prescindir del Estado Mayor también puede ser una manera de prevención, siendo, como es, un político que, como Juárez o Madero, resulta un peligro para los sectores conservadores de México.

jueves, 28 de junio de 2018

AMLO, la retórica y la dialéctica


Fue Aristóteles el que distinguió entre la retórica y la dialéctica. Llamó a la primera "antístrofa" de la segunda, es decir, su opuesta, pero en una oposición que hace contrapunto, que complementa.
La dialéctica es más del diálogo, de uno a uno, es propia del debate. Una de sus herramientas es la erística, el arte de combatir discursivamente.
La retórica, en cambio, es el arte del discurso. Aristóteles la dividió en tres tipos: epidíctica, la deliberativa o política y la forense o judicial.
La primera trata sobre el presente y se dedica a alabar o vituperar algo o a alguien. Es más estética, más poética. La segunda trata sobre el futuro y se trata de convencer al auditorio sobre hacer o no hacer algo en el ámbito público. Es la de los políticos. La tercera versa sobre el pasado, sirve para demostrar si algo pasó o no. Es la de los juristas.
La oratoria es la práctica de la retórica, que es más bien un ámbito teórico. Puede haber muy buenos retóricos, pero que no sean buenos oradores. Y puede haber muy buenos oradores, de talento innato, que no sepan mucho de retórica.
López Obrador es un político, lo suyo es la retórica deliberativa. Y en él se hace patente la diferencia entre retórica y dialéctica. Él no es tanto un retórico como un orador. Y el ámbito práctico que cultiva es el discurso público frente a las multitudes, el mitin.
Y no es bueno en la dialéctica. Eso se vio en los debates. No está hecho para el intercambio rápido de ideas, a preguntas expresas y directas, a cuestionamientos. No domina la erística, la esgrima verbal. Lo suyo es más el soliloquio frente a la masa que escucha y vitorea.
Es una cuestión cultural. La dialéctica, la erística y el debate tienen más tradición en el ámbito anglosajón. En Estados Unidos y en el Reino Unido el sistema escolar incluye los concursos de debate. Hay quien liga eso con el fortalecimiento de la democracia. Aquí en México, a partir de la apertura de los años noventa, los debates se han ido incluyendo en la formación académica, pero sobre todo en la educación privada influida por el sistema anglosajón.
En cambio, en América Latina tienen más peso la retórica y la oratoria. El tipo de líderes latinoamericanos, que suelen ser carismáticos y "populistas", en el sentido de que arrastran a las masas, conectan con ellas y se vuelven sus líderes o caudillos, es más de la tradición latina de los grandes oradores.
Si aquí no ha habido muchos concursos de debate, en cambio sí los ha habido de oratoria. El PRI fue el gran impulsor de este tipo de discurso. Los presidentes del antiguo régimen tricolor eran todos muy buenos oradores, no tanto buenos dialécticos.
La dialéctica requiere de interlocutores. Los debates que organiza el INE son dialécticos, aunque políticos como López Obrador actúen en ellos como retóricos, aprovechando su tiempo no tanto para responder preguntas como para pronunciar un discurso.
Los cambios en México, su aproximación a Estados Unidos, su aculturación incluso, exigen líderes dialécticos y no ya tanto oradores. Anaya, por ejemplo, es un buen dialéctico, pero no convence como orador. Él es de una generación de políticos nuevos y de cierto sector que se desempeñan mejor en ambientes cerrados y de uno a uno. No tanto frente a miles de personas desde un templete, en la calle, en el quiosco.
López Obrador es un político latinoamericano y mexicano más tradicional. Cuando habla frente a miles no se nota. Le sale natural. Ahí reside su carisma, su popularidad.
Y también ahí residen los resquemores que genera. Las élites "modernizadoras" lo ven como una amenaza, como un espectro, como algo siniestro, que viene de un país que pretendían haber sepultado. Lo llaman "populista", "mesías", dictador en potencia. No, es sólo que es un orador, un político de masas, de tipo latino no un dialéctico de corte anglosajón.
No quiere decir que no sea demócrata. Más bien habría que hablar de tipos de democracia. La democracia anglosajona es la de los individuos, no la de las multitudes. Las élites aculturadas de México quisieran una democracia anglosajona, no una democracia de tipo latino. Quieren políticos en mesas de debate, no en plazas públicas.
El triunfo de AMLO es el triunfo de la retórica y la derrota de la dialéctica. El triunfo del tipo de democracia latinoamericana y la derrota del tipo de democracia anglosajona. Ciertamente es un triunfo del pasado, pero sobre un presente dominado por el norte.
La democracia de multitudes con líderes carismáticos espanta a las élites. Y las espanta porque en esa democracia ven la ruptura del líder carismático que tiene detrás a las masas. Ellos quisieran lidiar con líderes en corto, con los que pudieran dialogar y a los que pudieran controlar. El orador les resulta temible, el dialéctico les resulta maleable.

lunes, 18 de junio de 2018

El grito de "¡Puto!" y el aficionado mexicano


Un problema con la selección mexicana de fútbol es que los aficionados suelen gritar "¡Puto!" cada que el portero rival hace un despeje.
La FIFA, que como organización mundial está comprometida con el combate a cualquier forma de discriminación, ha estado aplicando multas a la Federación Mexicana, que ha intentado concientizar a la gente para que no siga incurriendo en esa expresión considerada homofóbica.
Pero la gente no responde. En el partido contra Alemania en Moscú cientos o miles de mexicanos emitieron el insulto contra Manuel Neuer, el portero alemán. La FIFA ha aplicado una multa de 500 mil dólares contra la Femexfut.
Por principio de cuentas, hay que decir que lo que hace la FIFA es pasarle la bolita a la federación mexicana. Como su intención es desterrar de los estadios las expresiones discriminatorias, responde con las sanciones económicas dirigidas contra las federaciones asociadas, que serían las responsables.
Pero la federación mexicana no es responsable de lo que griten los aficionados mexicanos. Ella no los educa, no los forma, no los puede corregir. Las multas que le aplica la FIFA no afectan a la gente que grita. El que asiste a un estadio y le dice "puto" al portero no pierde un solo centavo. La prohibición, además, aúpa a muchos a gritar, como una forma más de diversión y desahogo. Es parte de la fiesta romper las normas. Y esta es sólo una más de las reglas que se pueden romper en masa.
Por otro lado, la FIFA actúa con hipocresía. Si de verdad estuviera comprometida en el combate a toda forma de discriminación, en especial contra la comunidad LGBTI, hubiera tenido que considerar mejor las candidaturas mundialistas de países como Rusia y Catar.
Vladímir Putin, a despecho de sus seguidores izquierdistas en América Latina, es más bien un político conservador que ha impulsado leyes que contravienen los derechos de expresión de la comunidad homosexual. El ejemplo más reciente es una ley de 2013 que sanciona con multas y cárcel la "propaganda homosexual" que pudiera "afectar" a los menores de edad.
En Catar, que será sede del campeonato mundial de 2022, la homosexualidad está penada con la cárcel. El sexo anal o la incitación al sexo anal está prohibido explícitamente. Esto es un consecuencia de la aplicación de la ley islámica (Sharía) en el país arábigo.
En México la homofobia es fuerte a nivel social, aunque a nivel legal no está tan asentada como en Rusia o en Catar. La expresión de "¡Puto!" en el mundial se puede juzgar como homofóbica a nivel verbal y refleja la existencia de expresiones homofóbicas a nivel del habla cotidiana.
Si ni la FIFA ni la federación mexicana han podido eliminar el grito es porque el aficionado mexicano no va al estadio precisamente a seguir las normas. Y menos en partidos de la selección mexicana que se juegan en el extranjero. En Rusia los mexicanos están de fiesta permanente y lo que menos van a a hacer es seguir lineamientos. De hecho, se trata de un momento para no seguir ninguno, según su perspectiva.
El mexicano mundialista está en una fase de destrampe y desfogue. Es algo característico. Juega el papel de desenfadado y desmadroso, borracho e inconsciente, se masifica, se estupidiza, manifiesta sin rubor todas sus tendencias latentes, agresivas, eróticas, machistas, nacionalistas. Se comporta según un modelo que asume y reproduce, no sólo porque está de fiesta, sino porque se siente como representante de la "mexicanidad" en el exterior.
Prohibirle cualquier cosa en un estadio o fuera de él carece de sentido. Si además las multas no le afectan, todo es vano. La FIFA seguirá sancionando a la Femexfut porque así demuestra que hace algo. Pero la Femexfut no tiene la capacidad ni manera alguna de resolver el asunto.

sábado, 9 de junio de 2018

Donald Trump y la estructura centro-periferia


Aunque aquí a Trump se le pinta como a un malvado, él se ve a sí mismo como un justiciero que combate el mal.
En su ideología, el mal viene de fuera, particularmente del sur. Y no es difícil entender el porqué de esa impresión. Los carteles mexicanos han inundado de drogas las ciudades norteamericanas. Es su gran negocio. Y junto con las drogas hay pandillas, hay robos, hay adicciones, hay homicidios, hay violencia. En gran medida, Donald Trump, como fenómeno político, es un efecto del narcotráfico y la migración ilegal mexicana hacia Estados Unidos.
El muro es un símbolo contra esa actividad delictiva. Se trata de defenderse de los malos, de evitarles el paso, de mantener a raya el peligro. Si Estados Unidos es una casa, Trump es el granjero que vigila desde el porche con rifle en mano.
El narco tiene como base una diametralmente distinta realidad: la de Estados Unidos, el país más poderoso y con la economía más grande del mundo, y la de México, su vecino, un país de tercer mundo con más de 50 millones de pobres. Los carteles florecen en las condiciones sociales complicadas de México y con el mercado norteamericano a un lado, tan grande. Ahí también consiguen fácilmente las armas. Esto ha provocado que el Estado mexicano no sea capaz de combatir a los grupos armados.
El problema entonces no es sólo de "afuera", como lo retrata la ideología de Trump, es de adentro también y, más allá de esos adentros y afueras, se trata de un problema de la relación entre una superpotencia, el centro, y la periferia. Esta estructura centro-periferia es la base explicativa de fenómenos como el narcotráfico y sus derivados.
Trump es el presidente de la potencia del centro que ve como amenaza a la periferia. Ésa esa una diferencia con otras épocas, en las que el centro veía a la periferia como un lugar a colonizar, no como un lugar del cual protegerse. Las potencias del centro nunca se han preocupado en que la periferia se desarrolle, sino más bien en explotarlas, regirlas, controlarlas. El desarrollo desigual, como se ha sugerido, ha estancado a millones en la pobreza y ha presentado la migración al centro o el tráfico de sustancias ilegales hacia ese centro como una oportunidad para salir de las duras condiciones periféricas.
Vemos algo parecido en Europa, el centro de la civilización occidental. Las derechas allá quieren también cerrar sus países, frente a las amenazas que vienen de fuera, en especial de Medio Oriente. Esas derechas parecen olvidar que los problemas de Medio Oriente en gran medida son causa del intervencionismo, el imperialismo y el colonialismo europeos. Siria e Irak fueron una creación británica y francesa. Arabia Saudita se fundó con apoyo inglés. La división de Israel y Palestina fue una ocurrencia occidental.
Todo muro es inútil. La población periférica se mueve al centro. Las mercancías ilegales también. Se necesita mover la riqueza desde el centro hacia la periferia de cualquier manera. Trump esto lo ve como una injusticia contra su país, ignorando que durante siglos ha sido al revés: los centros han explotado la riqueza de la periferia, con el imperialismo y el colonialismo.
Trump ve como una amenaza maligna lo que sólo es el efecto de una condición estructural global, la del centro-periferia. Él no es un paladín del bien y la justicia, es más bien un Quijote que trata de combatir monstruos donde sólo hay una dinámica sistémica.
Trump no es malo, sólo es un ignorante, de lo que es y ha sido su país globalmente, de lo que es y ha sido México y el Tercer Mundo, de las causas y los efectos, de cómo funcionan las cosas.
El problema es que está en el poder, que millones lo pusieron ahí, arrastrados por un discurso mistificado y falso. La izquierda, que suele tener el discurso objetivo y exacto, fue vencida otra vez por los prejuicios y los arrebatos, las emociones y los rencores. Es la historia de las democracias de la modernidad.

martes, 15 de mayo de 2018

El movimiento "Incel" y el feminismo


Hace 4 años, el 23 de mayo de 2014, en Isla Vista, California, un joven de 22 año llamado Elliot Rodger, estudiante de la Universidad de California en Santa Bárbara, apuñaló a tres de sus compañeros de fraternidad.
Se subió después a su BMW y grabó un video, en el que anunció sus intenciones de atacar a más personas, debido al odio que sentía porque las mujeres lo rechazaban. Quería dañar a las mujeres por no corresponderlo y a los varones sexualmente activos, por lograr lo que él no podía.
Después disparó, acuchilló y atropelló a la gente que se encontró en su camino. Mató en total a 6 personas y después, rodeado por la policía, se suicidó.
Antes de sus ataques, Rodger envió un correo electrónico con un manifiesto, en el resumió sus ideas sobre el odio a las mujeres y a los varones que tienen sexo.
Hace tres semanas, en Toronto, Canadá, un joven de 25 años llamado Alek Minassian subió a una camioneta y atropelló a la gente que pudo encontrar en el distrito de negocios de North York. Mató a 10 personas e hirió a 16.
Antes de perpetrar el ataque, Minassian había difundido en Facebook un mensaje que llamaba a la rebelión "Incel" (abreviatura de "involuntarily celibate", es decir, "celibato involuntario"). Nombraba a Elliot Rodger como su héroe e inspiración.
El movimiento "Incel" existe, en foros de internet. Su idea básica es vengarse de las mujeres por negarles el sexo. Y también de los varones que sí tienen relaciones sexuales. A las mujeres se les denomina genéricamente "Stacys" y a los varones sexualmente activos, "Chads".
Se trata de individuos frustrados sexualmente, que ahora reconducen toda esa frustración de manera violenta contra las mujeres y varones a los que envidian. Son particularmente virulentos contras las feministas.
Es una violencia de modalidad no vista, pero no esencialmente novedosa. La sexualidad en el marco patriarcal y capitalista siempre ha sido violenta. En ese marco, el varón cree tener el derecho al cuerpo de la mujer. Si una mujer se lo niega, la reacción no suele ser pacífica. Es como si lo hubieran ofendido gravemente, como si se cometiera una injusticia en su contra.
La mujer se ve como un objeto sexual del cual el varón siempre debería ser capaz de disponer y usar. El movimiento "Incel" es una reacción extrema a los cambios que el movimiento feminista ha logrado introducir en el imaginario de la sociedad machista y patriarcal.
Si hay avances del feminismo, el machismo se revuelca y produce movimientos reaccionarios. Es la dinámica de revolución y reacción. La violencia normalizada, al ser expuesta y combatida, se transforma en violencia abierta y explosiva.
Atentados como el de Rodger o el de Minassian, perpetrados por jóvenes de clase media en países de Primer Mundo, e incluso pertenecientes a sectores privilegiados, encienden las alertas de lo urgente de profundizar en la superación de la sociedad heteropatriarcal, machista y capitalista.
Si la reacción misógina y terrorista ya actúa y se organiza, es momento de que la revolución feminista se profundice. Son síntomas de que el momento es de crisis: o se logra la transformación radical o se cae en la barbarie.

sábado, 5 de mayo de 2018

Anon


Estrenada ayer en Netflix, "Anon" plantea una sociedad distópica en la que no existe la privacidad.
Los totalitarismos son sistemas políticos que borran la frontera entre lo político y lo privado. Una persona no puede tener opiniones propias fuera de la ideología oficial. Y no puede rehusarse a participar en los ritos oficiales. El Estado se entiende como una unidad superior a los individuos. Todo el que se salga del guion es considerado peligroso, una amenaza para el conjunto social.
De alguna manera se trata de un retorno: en las sociedades primitivas tribales, de las que tenemos ejemplos contemporáneos en grupos humanos de Oceanía, África y América del Sur, no se podría pensar en un individuo que no estuviera integrado a la tribu, que no se vistiera, que no comiera, que viviera como los demás, que no creyera en sus dioses o que no participara en los ritos.
Esa unidad primordial se fue fragmentando muy lentamente y alcanzó su clímax en las sociedades occidentales modernas. El individuo sintió su individualidad, a veces como soledad, frente a las estructuras sociales y frente a los demás.
El liberalismo ensalza al individuo y su libertad. Y el socialismo plantea que ese individualismo es una ilusión, que la sociedad está compuesta por clases sociales, determinadas por el funcionamiento del capitalismo. Plantea la superación de la sociedad capitalista y la construcción del comunismo, que no es un retorno simple a una unidad primordial, sino una unidad que incluye la libertad individual, una síntesis dialéctica.
El fascismo, en cambio, representa el retorno no dialéctico a una unidad forzada por el Estado, el partido y el líder carismático, que conecta místicamente con la masa y exige su participación en coreografías políticas. El Estado totalitario fue propuesto como objetivo consciente del fascismo italiano y también del nacionalismo alemán. Ahí la libertad individual se borra completamente, arrollada por las exigencias del partido en el poder.
En "Anon", la exigencia de seguridad en una sociedad futurista ha llevado a la pérdida de la privacidad de todos los individuos. Las fuerzas del orden tienen acceso a la ubicación y las vivencias de cualquier persona.
Todas los ciudadanos tienen un dispositivo ocular que graba lo que ven, y que también les permite reconocer automáticamente a cualquier persona que vean, su nombre, su edad, su ocupación.
La policía puede acceder a la visión en tiempo real y al registro de cualquiera. Así, la criminalidad es combatida de manera eficaz. Toda persona existe en el sistema, se la puede rastrear en cualquier momento, se puede acceder a lo que está viendo y saber qué está haciendo.
Pero en esta sociedad también hay inadaptados, "fantasmas", que de alguna manera (ilegal) han escapado al control. Si alguien los ve en la calle, no aparece su nombre ni sus datos básicos. Llaman la atención y por eso no suelen mostrarse mucho.
La trama presenta a una joven "fantasma" que ha destruido sus registros analógicos, que no es identificable con los dispositivos oculares, que no sale mucho a la calle y que ha eliminado los dispositivos digitales de su entorno. Lleva una vida "analógica" y es una hacker, cobra por eliminar de la "nube" episodios vergonzosos o incriminatorios de sus clientes.
Así, por ejemplo, alguien que comete una infidelidad y busca que no quede registro la contacta en un foro web, ella accede al registro, elimina los rastros del acto sexual y reemplaza esos eventos con otro tipo de escenas. Un robo, un asesinato, la compra y venta de drogas, todo puede ser eliminado antes de que la policía acceda al registro.
El Estado busca a esos "fantasmas" y los caza como elementos sumamente peligrosos. Están "anonimizados" y hay que "desanonimizarlos", es decir, meterlos al sistema.
La joven hacker entrará a un juego de persecución con un detective. Y en esa relación se desarrollará la trama.
En una memorable escena final, la "fantasma" le dejará claro al policía que no es que tenga algo que ocultar, sino que más bien no tiene nada que quiera mostrar.
"Anon" nos lleva a reflexionar en cómo existe una vía a través del miedo y el anhelo de seguridad pública que puede llevar a recortar las libertades y reducir la privacidad. Y también que es muy probable que en un Estado con atributos de vigilancia extrema sean muy pocos los que estén realmente "seguros".